Plaza Mayor
El Plaza Mayor nace del encuentro entre la precisión y el gesto. Una estructura clara sostiene un volumen blando que no se impone, sino que se deja habitar. El tapizado se adapta, se pliega, responde al cuerpo y al uso, incorporando el tiempo como parte de su propia forma.
En sus extremos, el volumen se recoge con intensidad, tomando como referencia el puño de boxeo. Hay en ese gesto una mezcla de tensión y protección, de fuerza contenida que define el carácter del sillón sin necesidad de explicarse.
La estructura metálica ordena sin protagonismo, mientras el plano lateral amplía el objeto y lo convierte en un lugar más abierto, más libre. No es solo un asiento, es una manera de ocupar el espacio.
Todo está en equilibrio.
Y en ese equilibrio, el Plaza Mayor adquiere presencia.
Y en ese equilibrio, el Plaza Mayor adquiere presencia.