Carmen
La Mesa Carmen no sostiene: irrumpe.
Sobre un plano oscuro, casi denso, la frase —L’amour est enfant de bohème— se impone. Es una declaración de libertad, de impulso, de todo aquello que no acepta orden ni norma. La superficie deja de ser mesa para convertirse en escenario.
Debajo, la lógica cede. Figuras clásicas, casi barrocas, cargan con el peso en un gesto que parece eterno, mientras las ruedas introducen una inquietud sutil: todo podría moverse, todo podría cambiar. Lo estable se vuelve frágil. Lo sólido, inesperadamente ligero.
Hay en Carmen una tensión vibrante entre lo culto y lo irreverente, entre lo escultórico y lo útil. No busca armonía, busca intensidad.
Carmen no es solo un objeto, es una provocación.
Un recordatorio de que el diseño también puede ser gesto, relato y carácter.
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